Tomó el café que estaba en la mesa de noche de su cuarto, que por cierto, lo acompañó a escondidas con un cigarro; dejó que su cabeza descansara en aquella cama que hacía ruido cada vez que se movía; pues su cuerpo ya demostraba vejez y su habla era débil, pero lo único que pedía antes de morir, que su pedido fuese hecho realidad.

LA BUENA NUEVA, QUE NO LLEGÓ A TIEMPO
Septiembre de 1992 – 6.50 pm.
Cuando era pequeño, el hombre de barba blanca que vivía en casa, siempre nos cantaba sus hazañas con ejercito del Perú; de como luchó en contra del terrorismo, en muchas lugares de la sierra y selva de nuestra patria. Pero ahora ya descansaba en casa, pero su último deseo antes de morir, era estar presente y ver que el máximo líder senderista que había hecho tanto daño a él y a toda la familia peruana estuviera pudriéndose en la cárcel.
Los días pasaron y el miedo de no verlo entre cuatro rejas lo volvía impotente, insoportable, voluble y sobre todo caótico, siempre tan aguerrido y pendiente cada hora, prendido con cada suceso diario y las noticias nada agradable, sólo daban titulares en contra que los matutinos del momento repetían.... “Muerte de cinco campesinos enluta a nuestro pueblo...” “Un coche bomba explotó cerca de ministerio ......”
Los días pasaron y creo que nunca es tarde para que se cumpla tal petición, pero la salud de aquel compañero de vida se extinguía y nada que el gobierno aplacase su ira de este ex combatiente y de toda una nación. Pero exactamente, un 12 de septiembre de 1992, siendo las seis de la tarde las noticias daban la buena nueva, el máximo líder y toda su cúpula terrorista eran capturados por la policía nacional. En eso, vi a mis padres llorando y abrazándose como nunca, pues todos sabíamos que era lo que muchos querían y sobre todo sabíamos que después de todo esto, la tranquilidad volvería a cada hogar y calles de cada rincón patriótico.
Nuestra reacción fue única, teníamos que avisar aquel hombre que había luchado contra ellos y que muchas veces casi pierde su vida por culpa de una loca cúpula terrorista; cuando llegamos a la puerta de su cuarto, toda la familia preparó la forma de como decirle la noticia, para hacerlo sorprender; pero la sorpresa nos lo llevamos nosotros, cuando abrimos la puerta y entramos al cuarto donde descansaba, vimos al viejo amigo, todo un cadáver, listo para ponerlo en un cajón.
"Pero exactamente, un 12 de septiembre de 1992, siendo las seis de la tarde, las noticias daban la buena nueva..."
Mis hermanos lo jalaban y movían para que despierte y reaccionara, pero nada, no respondía, mi hermana empezó a llorar y todos quedamos impotentes sin saber que decir y sin saber que hacer, queríamos decirle que su "pedido" por fin había llegado, que ya podía sonreír, pero nada; éramos concientes que no podía oírnos, ni verlo sonreír. En eso momento teníamos sentimientos encontrados... estábamos felices así como tristes, definitivamente, no supimos como reaccionar.
La rápida acción de mis padres de llevarlo a un hospital, no fue suficiente, pues nada se pudo hacer para contrarrestar su muerte, sólo sabemos que murió el día que el terrorismo llegaba a su fin en el Perú y que él y muchos de sus amigos que combatieron con ellos, estarían felices al ver y escuchar aquella noticia tan bendita, pero nunca se enteró que lo tenían preso y que próximamente el gobierno lo presentarían a rayas en una celda.
Han pasado exactamente 15 años de aquel suceso, y hoy, un matutino me hizo acordar la espectacular despliegue de nuestras fuerzas policiales para hacer frente, a esa violenta realidad de aquel entonces. Sólo Imagino que hoy estaría feliz contándonos esas historias de guerrillas tan enérgicamente orgulloso de haber sido partícipe de esos sucesos; pero nos dejó la tristeza en nuestros corazones y una gran pena que en vida no se enteró lo que pasó aquella fría y agitada tarde de invierno.
Jiguem