
PROPUESTA PERVERSA
Cuando tenía 15 años, caminaba pensando creo yo, en alguna musa de periódico por alguna calle de esta cuidad, y sin pensar en lo que vendrá, observé cuatro metros al frente, un local donde habían maquinas de video-juegos a fichas. Me apresuré a entrar y dije: ¡Señora, dos fichas por favor! - Ella accedió sin ningún problema.
Ya adentro del local, me puse a jugar en dichas máquinas. De pronto un señor de aproximadamente 35 ó 40 años y de apariencia tranquila, algo bajo de estatura, se acercó a ver como manobriaba dichos botones.
- ¿Por lo visto, sabes jugar bien, no? – me dijo.
- Algo - Respondí con cierta incomodidad. Y se quedó parado, viéndome jugar con la máquina
Perdí ese juego, por que no me gustó que me preguntase y de paso evitar que me siga incomodando con su mirada. En eso, me pasé a otro jugo que estaba mas adentro del local, para poder terminar mi última ficha que me quedaba. Metí la ficha a la maquina, y el juego empezó a enfrentarme. Pero nuevamente él estaba a mi lado observándome.
- ¿Te gustaría ganar dinero? – me dijo. Acercándose un poco más hacia donde estaba jugando. Dejé de jugar y volteé la cara para ver de que se trataba todo esto.
- ¿Y qué tengo que hacer para ganar dinero? - le pregunté de forma directa.
- Pues, vamos afuera y allí te explico todo. Aquí hay muchos sapos – me invitó.
- Okay, vamos. - Respondí.
Salimos del local, bajo la despistada mirada de la señora que me vendió las fichas, y que no sé si era compinche del susodicho. Ya afuera, vi que llevaba una mochila en su espalda. ¡Creo que quiere que lleve droga algún lado! – pensé para mí.
- ¡Quiero chupártela y quiero que me hagas el amor... y ha cambio te pago 30 soles! – ¿Qué dices chibolo?-… Me propuso fríamente, dispuesto a todo.
Lo miré todo asombrado, sin decir palabra alguna, no sé si tuve miedo ese rato, pero creo que la emoción y la aventura fue más
- Uuuhhmm ¿Y en dónde lo vamos hacer? – le dije a quema ropa
- Por aquí atrás, hay un lugar donde siempre voy – me dijo; con cierto brillo de libidinosidad en sus ojos.
- ¡Okay! Vamos entonces, que estamos esperando – le dije.
Y empezamos a caminar.
Rumbo al lugar que me había dicho, mi cabeza empezó a pensar en muchas cosas, sentía miedo, pavor, curiosidad, sudor y muchas cosas más que no podría describir, pero definitivamente pasaban muchas cosas en mi cabeza que al final concluyó que tenía que poner fin a este juego morboso de este cuarentón busca víctimas.
Mientras llegábamos a la esquina de una plaza donde hay un libertador argentino (por cierto muy concurrida y muy conocida) para allí voltear a la izquierda. Tuve la ágil idea de mandar al tacho todo. En eso, cuando él volteó hacia su destino. Yo, me fui de frente sin mirar atrás, y empecé a correr y no volteé hasta que llegué a una avenida donde pude tomar mi carro algo asustado.
Después de media hora, llegué a casa; con mucha dudas, con muchas cosas dentro de mí, que no tenían respuestas, dispuesto a no contar nada a nadie y con la esperanza de no volverlo a ver.
Jiguem.